Ascensión a La Covacha
Parque Regional de Sierra de Gredos


Luis A. Page Zabala

El Tormes, el río por excelencia de la Sierra de Gredos, se hace hombre rápidamente en su discurrir paralelo por la cara norte de la sierra tras las voluminosas aportaciones de sus míticos circos, el de “La Laguna Grande” y el de “Las Cinco Lagunas”. Ambos, como neveras, concentran el hielo que una vez licuado se convierte en agua transparente que salta por sus profundas gargantas hasta llegar de “sopetón” a nuestro río desde el norte.

Los pueblos quedan tumbados en las lomas cálidas del mediodía contemplando el espectáculo desde los balcones. Así baja el Tormes sus primeros kilómetros desde el este, hasta recibir la última bocanada de la “Garganta de Bohoyo” y adentrarse en las fértiles tierras del Barco de Avila. Aquí, bajo la expedita sombra lejana del Calvitero, asentado al oeste, traza un educado arco en dirección norte empujado por el caudal de la “Garganta de los Caballeros”, a quien deja a su espalda abandonando la sierra y nuestro objetivo: “La Covacha”. Ésta, ofendida por este giro, parece esconderse en el conjunto de lagunas glaciares del que es la cota máxima.

Remontaremos la amplia y luminosa cuenca de la “Garganta de los Caballeros”, que recorre prácticamente la gran concha que desde el cordal se abre hacia el norte en el extremo occidental de Gredos, recogiendo múltiples ríos y arroyos desde los mas de 2.000 metros que la circundan.

Partimos del pequeño, apretado y fuerte pueblo serrano de Navalguijo, en la margen izquierda del cauce. Una pista amplia nos lleva entre prados y huertos con frutales. Vamos ganando altura poco a poco viendo la amplia cuenca donde los robles (rebollos) se apoyan en las redondas bolas de granito esparcidas por doquier, hasta adentrarnos en un pinar silvestre de repoblación, ya talludito, que viste la loma que define la garganta que baja de la “laguna de los Caballeros” desde poniente.

Conservando el mismo margen hay mayormente un sendero definido; tras superar el primer escalón nos sorprende el salto de agua de la garganta de “Horco de Arriba”. A nuestra derecha, ennegreciendo un tremendo muro de granito (aquí el sendero es dulce), abunda el pasto; hay chozos en uso y el río se extiende, casi se remansa, apareciendo golpecitos de abedules en sus rincones (muy apropiados para despedirnos de la escasa vegetación arbórea).

El siguiente escalón, más bravo, lo remontamos bajo el rumor de las cascadas que encajonadas quedan a nuestra izquierda, llegando así a un valle más amplio, de tipo alpino, donde el río salta cómodamente entre las infinitas piedras de su lecho. En la otra margen hay un refugio que se mantiene en pie a duras penas, mirando de frente la breve placa que al fondo remontaremos para acceder a la silenciosa y virgen “Laguna de los Caballeros”; en sus cálidas aguas se refleja el verdor típico de los musgos del granito de Gredos y el esbelto “Pico de la Portilla”, antesala de la “Covacha”, y al que parece esconder.

Merece la pena escuchar el silencio, roto puntualmente por el graznido de alguna chova o el rodar de alguna piedra arrojada casi seguro por alguna cabra montés.

Por el canchal de la izquierda de la laguna remontamos la trocha que hizo el caminar de los montañeros apelmazando las piedras, hasta llegar así a un hombro desde el que ya se ve cercana la cumbre más alta de toda Extremadura.

Es la Extremadura que se extiende al sur por las largas y profundas gargantas pobladas de roble y encina hasta salvar los casi 2.000 metros que separan la cima de la agraciada e hidalga comarca de “La Vera” cacereña.

Al oeste podemos observar nuestro abrupto cordal dirigiéndose al puerto de Tornavacas; la mole redonda de la “Sierra de Candelario” y su salmantino “Calvitero” se sitúan al norte, y bajo nuestros pies, 600 metros más abajo, la represada “laguna del Barco y la profunda herida de su garganta. Al este podemos situar la cuerda de la Sierra, los bordes de la ya mencionada "concha" (que no bajan de 2000 metros) hasta el “alto de la Becedillas” y el “cerro el Pastor”, que cierran la cuenca y la separan de la “garganta de Bohoyo”, quedando en lontananza las afiladas agujas de los Circos de Gredos.

El camino de regreso es el mismo y esta vez no es otro que el de las magnificas legumbres de la tierra o su afamada ternera, que nos restauran en condiciones y nos obligan a superar el sopor de la digestión en las frescas alamedas junto al río Tormes, que en algún lugar de su recorrido discurre bajo el impecable puente medieval del Barco, localidad donde los veteranos del lugar juegan a ”la Calva”


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