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Ascensión al Posets |
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En esta excursión nos acercamos a uno de los espacios protegidos declarados en pleno corazón de nuestra gran Cordillera: el Parque Natural Posets-Maladeta. Este Parque abarca las cumbres más altas del Pirineo, organizadas en torno a los macizos de la Maladeta-Aneto (3.404 metros), Llardana-Tuca de Lardan o Llardana, más conocida en la actualidad como Posets (3.375 metros), Perdiguero (3.221 metros) y Bachimala (3.117 mts), a los que se suman los de Culfreda (3.034 metros) y de les Culebres, o Ballibierna (3.062 metros), entre otros. Y es también donde podemos encontrar una de las cimas más señoriales de esta cadena fronteriza con Francia: el Posets ("pocicos" por la cantidad de cavidades que aquí se encuentran). Se localiza este pico equidistante de los dos hitos alpinísticos más solicitados del Alto Aragón, el Monte Perdido y el Aneto, y frente a la mayor concentración de tres miles de la Península Ibérica. Es así mismo la segunda cumbre en altitud del Pirineo, después del Aneto, y quizás el más definido de todos los macizos, por lo recogido de sus cumbres secundarias. El Posets posee además una de las vistas más colosales del Pirineo, la de su cara oeste, donde al atardecer se encienden los 1.700 metros que separan su áspera cumbre de los verdes prados de las granjas de Biadós, dando justicia a su otro nombre, Llardana (“quemada” en fabla aragonesa). En los tres mil metros hay que estar bien físicamente, y sobre todo creérselo. Afrontar el desafío que supone pasar dos días en la alta montaña, donde el hombre, tarde o temprano siempre es rechazo, requiere ya no sólo una buena preparación del cuerpo, sino de mente. En pleno verano, con una tienda ligera, mucha ilusión y la esperanza que la fortuna de la variable "meteo" estival nos sea favorable, cruzamos el prepirineo. Serpenteando por sus carreteras pasamos del cereal y la encina a los verdes del bosque templado y los prados. La vegetación mediterránea cede a la atlántica por los angostos desfiladeros. Dejamos atrás la atrevida "Cotiella", que cierra al sur nuestro valle, y finalmente el ancestral valle de Gistain, o "Val de Chistau", que atravesamos para llegar a la caída del día a las praderas de Biadós. Este, el de la llegada al pie del objetivo que uno se ha marcado, es siempre un momento glorioso.
Seguimos subiendo de forma implacable por terreno que sólo en verano abandona la nieve y no hace mucho el hielo dominaba; éste aún asoma podrido y camuflado en las praderas. Este terreno machacado se nos pone “de manos” al acceder al Collado de Eriste, pequeño portillón situado a más de 2.900 metros, y desde el cual se divisa la cumbre. Es buena hora. Tomamos con ánimo y cuidado el descenso para llegar al Ibón de la Llardaneta, más dulce, con su neverito, hierba y un pequeño vivac. Florece el queso (por muy curado, blando macutero), el chorizo (sangrante), los frutos secos, el "choco" revitalizador, y, cómo no, la golpeada naranja compartida. No hemos visto a nadie en toda la subida, y no es de extrañar que los grupos de sarrios nos sorprendan. El frío impone un té reparador.
¡¡¡Cima¡¡¡ Señores, esto es el Pirineo. Al norte la tremenda arista que traemos, dirigiéndose al valle de Estos; al fondo los apiñados tresmiles del Perdiguero y Gours Blancs en la linde con Francia; a levante y muy por debajo de nuestros pies, lo que queda del glaciar del Posets y los petrificados Ibones de Grist pinteando de vida el sólido paraje, para dejar al fondo el largo macizo de La Maladeta. A la izquierda, bajo el Bachimala, las refrescantes praderas de Biadós con el fondo de la punta suelta anteponiéndose al luminoso mazo del Monte Perdido y sus Tres Sorores; también la terrorífica arista de "Las Espadas", situadas en nuestro macizo. Al mediodía el diente y la cuerda que van al collado que nos pasó a esta vertiente y el "pico de Eriste", quedando en lontananza "El Turbón" y "la Cotiella". Descendemos de nuevo al Plató de la Forqueta. Es camino muy bien marcado que tira en diagonal a la derecha del Arroyo de la Llardaneta entre potente roquedo y frente a la cascada de los Ibones y la rasgada Tuca d´es Corbets (de infinitos corredores, que parece estar labrada en toda su longitud), hasta llegar, con un “tantarantán” de cuidado y cansados, al refugio de Angel Orús o del Forcau. Decidimos hacerles gasto; su trabajo se lo merece y nuestros cuerpos también. El refugio está colgado sobre una cubeta glaciar, la Aigüeta de Grist, poblada en su contorno por pino negro. Cae la noche y se echa la niebla; nos libramos de las temidas tormentas.
¿Cómo se llama el asado de cordero en Aragón?, ..., ¿ternasco?, pues a por él con un tinto del Somontano. Nos lo hemos ganado.
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