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Ascensión a La Maliciosa |
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En el cogollo de la Sª de Guadarrama, uno de sus colosos, quizá en actitud de curiosidad, parece querer escaparse del eje. Es la Maliciosa, que airosa presenta su rocosa cara sur sobre el pueblo de Navacerrada y su pequeño embalse 1.000 metros más abajo. La estampa de esta montaña parece desafiar a quien partiendo del medio día avanza lenta pero incansablemente hacia la sierra, Madrid. Como un general en su puesto de mando, La Maliciosa, desde su altiva cima, vigila la acometida de la metrópoli madrileña. En un intento desesperado para frenar su avance, lanza sus huestes en forma de magníficos pinos silvestres como guardia pretoriana, y más tarde en forma de rebollos, encinas y fresnos que, como soldados de su ejército, contraatacan hasta llegar muy cerca del núcleo capitalino. Aquí, donde la línea del frente presenta muchas grietas, resiste el bastión de la Casa Campo. Este corredor verde apoyado en el río Manzanares, se constituye así como el principal pulmón de la capital. Nosotros la vamos a sorprender no de forma directa, como sería la ascensión por la cara sur, sino como escondiéndonos en el río Manzanares por el lado este. Es un recorrido integral, más largo y quizás más aislado, aunque esto último sea una quimera por estos pagos. Dejaremos un vehículo en La Pedriza, inigualable berrocal donde soñar es fácil; nos calzamos las botas en Cantocochino y tomamos una ancha pista que abandonaremos en breve al llegar a la Charca Verde, para continuar por una divertida trocha que juega con el trazado del río en su margen derecha, y que como él, acaricia el caos granítico en el que nos encontramos. La “Pedra” será como un fabuloso cuadro que podremos apreciar desde varios ángulos, algunos casi ocultos, hasta abandonarla justo donde el Manzanares acepta su último tributo, el arroyo de Los Hoyos, que viene saltando por la espalda de la cuerda de las Milaneras desde el alto de Matasanos. Sin ver aún nuestro objetivo y en compañía del río, volveremos a topar con la pista que lo salva por un puente, que no cruzamos, y del que parte, con escaloncitos al principio, una cómoda senda que discurre por la mismo margen. Dejando a la espalda la potente Pedriza nos internamos, tras cruzar el río en un abigarrado pinar de repoblación, por zonas casi selváticas que afortunadamente tapan las heridas de su aterrazamiento. En este punto la senda se empina, zigzagueando para salvar la formidable placa granítica que intenta domar el río. A éste, no le queda más remedio que descolgarse como puede sin dejar de hacer su trabajo, reflejado en las profundas pozas labradas durante siglos y que se resisten a ser alcanzadas por el caminante.
Territorio alpino, sin duda, pero de indudable sensación marinera en su vista al Sur, donde enfila la proa de la Maliciosa hacia el ya mencionado Corredor Verde. Al Este, como una avalancha de rocas gigantescas, la magnifica Pedriza abarca todo nuestro campo visual de Norte a Sur, desgajándose de Asómate de Hoyos, a 2.000 metros, hasta el embalse de Santillana y su encastillado pueblo de Manzanares el Real. Al Oeste, como fiel lugarteniente, el airoso peñotillo vigila el Guadarrama, que huye por los montes escurialenses hacia las sierras de Gredos. Comenzamos el descenso por el Norte, que cae con suavidad hacia el Collado del Piornal. Con la vista siempre molesta por el repetidor de TV, desde la Bola del Mundo, que sienta la Cuerda Larga a su derecha, caeremos por el Oeste en dirección a La Barranca siguiendo los primeros pasos del arroyo del Regajo del Pez. Éste nos invita a sumergirnos en su recogido e impecable pinar silvestre, donde recibe muchas aportaciones que manan a resguardo de la Sierra de las Cabrillas, que se articula como un brazo protector anclado en el hombro del alto de Guarranillas. Tomando el otro vehículo que previamente habremos dejado en las coquetas presas de la zona de La Barranca, bajamos al pueblo de Navacerrada. Aquí, entre otros atractivos y tentadores establecimientos de restauración, hay una freiduría de pescado (dije pescado) que en primavera/verano y con su cervecita, es la mejor y refrescante propuesta para revitalizar moderadamente nuestros fatigados cuerpos, y marchar a recoger el otro coche a Cantocochino.
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