Ascensión al Pico Urbión
Espacio Natural de Sierra de Urbión (Soria)


Luis A. Page Zabala

Tierras de Soria, cabecera de tantas cosas. Cabeza del Duero, el primer gran río interior del pequeño sub-continente europeo que es la Península Ibérica. Cabeza de Extremadura (palabras de Machado), en la linde de la España húmeda y la seca. Cabecera de la fusión de Iberos y Celtas (necrópolis), que ya celtíberos encabezaron la resistencia a los romanos (Numancia). Cabeza y centro del universo templario de la Edad Media cuando la forja del país, la Reconquista. Hoy esta casi dormida entre los bellos restos de su historia, muy despoblada, pero que ve resurgir su medio natural para volver a ser cabeza del equilibrado concepto llamado "desarrollo sostenible".

Aquí, en el extremo noroeste de la provincia, (en contraste con la inmensa soledad del gigante de la misma, el Moncayo del poniente Aragonés) se alza el conjunto de las Sierras Cebollera, Urbión y la burgalesa Neila. Serrotas de grandes cuerdas, imponentes lomazos de cumbres poco definidas, que albergan recoletas lagunas glaciares de leyenda y magníficos pinares de didáctica propiedad comunal (nunca se quejan).

Así nos presentamos a los pies de Urbión, en Vinuesa, antesala de una de las masas forestales mas extensa y sana de la Península.

Aprovechando el invierno, pensamos que la nieve limitará el acceso a los comodones, que tiran de las abundantes pistas hasta los confines de la Sierra. Creemos que esto beneficiará a quienes preferimos andar y reconocer con tranquilidad estos lugares. Así decidimos dejar un coche en Covaleda y con el otro bajar siguiendo el Duero hasta Vinuesa, para desde aquí, por pinares llanos y tiesos como velas, remontar el valle glaciar del río Vinuesa hasta la pista que sube a la Laguna Negra, donde iniciamos la excursión.

Cargados de la ropa y el material adecuados para la travesía, que según la nieve que pisamos intuíamos más o menos penosa hasta las cotas más altas, pero que una vez en las cuerdas el viento y el frío limpiaba y compactaba haciendo más firme el caminar. Con esta idea partimos a primera hora de un sábado de Enero hacia la cumbre del Pico Urbion, casi mil metros mas arriba, a 2.229 metros.

Remontamos la nívea pista apoyada en la antigua cañada Real Galiana bajo mimados pinos, a su vez salpicados de matas de rebollos y alguna haya suelta que se refugian en rincones pedregosos. La pista asciende sinuosa y apenas hoyada, cruzando puentes que salvan arroyos de ateridas aguas, aguas que saltan y bordean grandes cantos copados de nieve, hasta encajonarse con el arroyo de la Laguna Negra en el cañón que asciende hasta ella, y que permite contemplar los bravos espolones que definen su margen derecha.

Alcanzamos la mágica y muda Laguna Negra, ahora helada y blanca. Blanco es su contorno, solo roto por el verde moteado de nieve de los pinos, el rojizo de sus troncos y el gris de la desnudez invernal de las hayas, todos ellos a resguardo del anfiteatro granítico que protege a la laguna y que nos tapa la cumbre. Hay poca gente, los saludos son discretos y casi lejanos, el silencio es muy hermoso en este paraje.

Tras un ligero tentempié atacamos el rico Zurraquin al norte de la laguna y casi trescientos metros más arriba. El caminar es lento y torpe por el matorral (enebros medio tapados) que trampea la pisada. La laguna desaparece tapada por el bosque y luego absorbida por su propio entorno, una vez alcanzada la cuerda del risco, en los 2.000 metros.


Estamos en terreno de alta montaña, congelada y barrida como pensamos. En momentos dudamos si colocarnos los crampones y el piolet no lo soltamos mientras pasamos por la Laguna Larga, casi imperceptible por el manto invernal. A nuestra derecha cae el valle del río Revinuesa y de frente por terreno suave de desnivel la cima roma. Lo primero que vemos es su lado norte, de donde como un tajo baja el río Urbión hacia tierras riojanas, al Ebro, al Mediterráneo.

El día es limpio y el aíre fino, casi duele. Podemos ver el Pirineo Occidental y los montes de Oca, casi Cantábrico, donde nace el sistema en el que nos encontramos, el Ibérico; al sur, tras nuestros pinares que ahora tapan la inmensa cima, despunta la Sierra de Ayllón, ya en el Sistema Central; de este a oeste las redondeadas lomas de nuestras sierras y su fabulosa riqueza forestal.

Tomamos la amplia loma que baja al sur y sureste, siempre por encima de los dos mil metros, donde queda a nuestra izquierda la laguna helada, que es quizás la más grande de todas las que por aquí podemos encontrar. Caminamos acompañados por el viento y el crujir de nuestras pisadas. Los pocos pinos que van asomando están como agachados, con lo que nos parece estar caminando entre el cielo y la tierra.

Descendemos suavemente manteniendo la dirección hacia el gélido refugio del "Muchacón", ya entre matas de pinos que se abrigan entre sí y los aislados abanderados. En el refugio es factible encender una pequeña lumbre, lo que nos permite reponer fuerzas al calor de la breve chasca; tras apagarla y recoger apretamos antes de que se nos eche la noche.

El sendero está muy tapado y la divisoria es muy amplia. Con la referencia de la fuente de las Hilanderas, escondida poco más abajo del refugio, afinamos la dirección y caemos a la pista cruzando el pinar con los últimos rayos de sol, ya en la congelada pista, nos esperan unos breves kilómetros hasta el coche. Los afrontamos con la alegría del trabajo bien hecho, cargados de buenas sensaciones y en silencio. Anocheciendo llegamos al vehículo; nos parece como un hogar y un oasis, tras el meneo que traemos.

El invierno tiene los días cortos y las noches largas, lo que nos da margen para recuperar el otro coche y acercarnos a Navaleno. Aquí ajustamos cama y acudimos a un restaurador que nos tiene asegurado un chuletón, preparado a la brasa en medio del recoleto local, que viene adornado con los imprescindibles "boletos" de la zona y un buen "vinito"... Entrañable velada de la que sale la idea de machacar mañana las agujetas dando un garbeo por el Cañón del río Lobos (aquí cerquita, en San Leonardo). Pero esto es harina de otro costal...


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