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SIERRA MÁGINA - Luis A. Page Zabala |
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Una salida de fin de semana con la intención de conocer ampliamente un macizo y coronarlo, es lo que nos llevó a Sierra Mágina. Por su carácter aislado se concretan el área de actuación y la fecha, lejana ésta del sofocón estival. Así, el último tercio del invierno invitaba a conocer estas sierras Subbéticas esperando la precoz primavera andaluza. Tras navegar entre olivares nos llegamos a Torres, hermoso pueblo serrano jienense alicatado en la cara norte, en un costado del fértil vallejo (huertas, frutales,...) que forma el río del mismo nombre y sus arroyos. Por uno de ellos, el de la víbora (repoblado de pino laricio), decidimos introducirnos como a trasmano, para abarcar todo el cordal cimero que se encuentra detrás del que viene del pico Almadén y con el cerro Cárceles, que alcanzan ya los 2.000 metros; a este último lo bordeamos por su lado Este. Unas veces por trochas otras no, pisamos terreno semiárido y abrupto, con una vegetación hostil: aliagas, cardos con tallo casi leñoso, otros matorrales, y como arbustos rosales silvestres salteados en rincones más húmedos. Pasamos la cabecera del arroyo Prado Hermosillo, que se encuentra de inmediato con las paredes que le separan de su tributario, el arroyo del Perú, hacia donde la ladera cae dulcemente pero igual de áspera. De aquí se divisa ya el lado oriental del calizo cordal cimero, y sin dejar perder mucha altura, descendemos al arroyo del Perú por una frágil y esperanzadora repoblación de encinas. Ya en la margen derecha del arroyo, tiramos de frente al "turrón" (expresión doméstica de que la cuesta es más que evidente).
De aquí, una vez superada la pista que sube hacia el Oeste, de donde viene el arroyo, nos adentramos por terreno kárstico y de alta montaña. De escalón en escalón, y con los veneros escasos congelados, se suceden las simas rellenas de sedimentos y tapizadas de hierba bien aprovechada por la cabra montés, a la que no es difícil sorprender por estos laberintos calizos, donde el enebro enano es casi el único representante arbóreo. En uno de estos hoyos hicimos la noche, vivac sobre mullido colchón de hierba, muy cerca del único refugio que, aún a pesar de su sugerente nombre, "Miramundos", ignoramos ante la magnífica noche al raso que se presentía a 2.000 metros. Al día siguiente amaneció fresco y con nubes altas. Recorrimos el anárquico cordal desde "La Peña" (2.014 metros) a "Mágina" (2.164 metros), divisando al Sur la blanca e imponente Sierra Nevada, al Oeste la masa forestal de Cazorla, donde a su derecha despunta en la lejanía la pirámide de "La Sagra", quedándose al Norte, haciéndose mayor por las luminosas tierras de Úbeda y Baeza, el Guadalquivir, rey fluvial de Andalucía, alejándose al Oeste por el Jaén de los infinitos cauces.
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